El libro «Tubos» de Andrew Blum: los secretos de Internet que nos ocultan porque no desean que los sepamos

EL BLOG DEL REDACTOR FREELANCE.-

¿Sabes qué ocurre exactamente cuando envías un correo electrónico o una solicitud para visitar una página web? ¿Dónde están todos los datos personales que guardas en Google o Facebook? ¿Por qué nadie quiere que lo sepas? ¿Cómo puede ser que una señora de 75 años que está plantando flores deje sin Internet a todo un país? «Tubos» de Andrew Blum es un libro que explica lo que es realmente Internet, cómo se construyó y por dónde pasan las famosas autopistas de la información. Porque Internet no es una nube, sino más bien una maraña de tuberías controlada por unas pocas empresas y países.

Los redactores freelance y otros profesionales que trabajamos en casa dependemos de Internet para trabajar. ¡Pero no tenemos ni idea de cómo funciona! Simplemente, encendemos el ordenador y navegamos por páginas web de todo el mundo, enviamos correos electrónicos, buscamos ofertas de trabajo para redactores o descargamos archivos que ha colgado en la Red alguien que puede estar en la otra punta del mundo.

Pero… ¿y si un día estás trabajando y de repente dejas de tener Internet? ¿Y si no puedes acceder a ninguna página ni enviar ni recibir mensajes? Es lo que le sucedió al escritor y periodista Andrew Blum: una ardilla mordisqueó un cable de cobre en su barrio y de repente dejó de estar conectado con el mundo. Sin embargo, aparte de llamar a la compañía telefónica para reclamar como haríamos todos, este autor empezó a pensar: ¿de dónde viene este cable que lleva Internet a su casa? ¿Y cómo ese cable local es capaz de conectarse por ejemplo a una página que está en el otro lado del mundo? ¿Cuántos cables como este existen? ¿Quién se encarga de colocarlos y de mantenerlos?

Así nació «Tubos», un libro que explica cómo Internet es mucho más real, tangible y frágil de lo que imaginamos. Y la vez, es la red más poderosa que jamás se ha creado.

Internet no es una nube, sino una red de tubos

Durante varios meses, el autor se dedicó a seguir la pista del cable de Internet que salía de su casa y le conectaba con el resto del mundo. Y descubrió que este cable pronto se convertía en un tubo lleno de otros cables similares que llevaba hasta una central de comunicaciones local. Y que otro tubo más grande conectaba esta central local con un centro de comunicaciones regional. Y que de este centro de comunicaciones regional partía un tubo aún más grande, una verdadera tubería de datos, que conectaba con alguno de los principales centros de comunicaciones del país. Y que de estos centros de comunicaciones partían otros cables aún más grandes, que cruzan los océanos por debajo del agua y conectan con los centros de comunicaciones de otros países.

 
El mapa muestra los principales cables submarinos de Internet. (Imagen: Telegeography).

Cada vez que envías o recibes datos por Internet, la información viaja por todos estos cables y tubos casi a la velocidad de la luz. En menos de un segundo, tu mensaje o búsqueda de Google puede dar la vuelta al mundo sin que te des cuenta. Por tanto, esa «nube» de la que tanto hablan es en realidad un conjunto de tubos. Y estos tubos tienen una existencia real: están enterrados bajo la tierra o bajo el agua y son vulnerables.

Tan vulnerables que, por ejemplo, en 2011 una señora de 75 años que hacía jardinería cavó demasiado hondo, dañó uno de estos tubos de Internet y dejó a toda Armenia sin conexión a la red. Por eso, las empresas que se encargan de instalar y operar estos tubos no quieren dar muchos detalles sobre su existencia ni su ubicación, porque si alguien cortara cualquiera de estas tuberías de Internet, podría provocar un caos enorme. 

 
Los cables de fibra óptica se entierran o se sumergen para evitar accidentes, pero a veces resultan dañados por excavaciones, esca, etc.

Sin embargo, al mismo tiempo estos tubos se cruzan y se complementan de forma que, cuando uno deja de funcionar, otro se asegura de que los datos lleguen a su destino, aunque tarden una fracción de segundo más. Por eso es tan difícil «cortar» Internet y ni siquiera gobiernos autoritarios como el de China, Egipto o Turquía pueden controlar totalmente la Red.

El secreto mejor guardado de Google y Facebook

Aparte de estas tuberías por las que viaja la información, el otro componente fundamental de Internet son los centros de datos. Se trata de gigantescos almacenes llenos de servidores en los que compañías como Google, Facebook, Amazon, etc. guardan las inmensas cantidades de datos a los que puedes acceder cuando navegas por Internet. Al contrario que los centros de comunicaciones o intercambiadores de Internet, los centros de datos de las mayores empresa puntocom no están ubicados en las grandes ciudades como Nueva York o Los Ángeles: se hallan repartidos por el interior de los Estados Unidos, en sitios donde el terreno es barato y hay acceso fácil a los tubos de Internet y a las líneas de alta tensión. Y también son lugares donde no vienen muchos curiosos…

 
Futuro centro de datos de Facebook en Irlanda. A diferencia de otras empresas, Facebook no tiene inconveniente en revelar la ubicación de sus instalaciones.

Porque los emplazamientos de los datacenters son otro secreto bien guardado, ya que al parecer no les gusta recibir visitas. El autor relata las dificultades que tuvo para poder acceder a las instalaciones donde se almacenan nuestros datos y comentar los detalles técnicos con los responsables. Parece que a las grandes compañías de Internet no les interesa mucho que el público sepa dónde se guardan los datos que alimentan ese gigantesco «Gran Hermano» en el que se está convirtiendo la Red gracias al Big Data y otras tecnologías basadas en registrar, analizar y rentabilizar todo lo que hacemos cuando navegamos. Prefieren que creamos que es una «nube» misteriosa que flota por ahí…

En resumen, «Tubos» es un ebook que cualquiera que use Internet debería leer para entender cómo funciona. No es un libro técnico, aunque contiene bastantes términos del sector, que están explicados para todos los públicos. La primera parte, dedicada a las «tuberías» de Internet, es brillante y se lee a buen ritmo. La segunda parte, dedicada a los centros de datos, es más pesada sobre todo porque se nota que el autor no pudo acceder a las fuentes y lugares que deseaba, por lo que tiene que conformarse con descripciones externas que no aportan mucho al lector. De todas formas, seguro que cuando hayas leído este libro no volverás a ver Internet de la misma forma que antes.

¿Qué otros libros sobre Internet has leído que valen la pena? ¡Cuéntanos!

Acerca del autor


Me llamo Roger Garcia y soy periodista, redactor freelance y bloguero desde 2006. Escribo para otros porque quiero comprar tiempo para escribir para mí. Además, enseño a otras personas cómo ganar dinero escribiendo en «El Blog del Redactor Freelance» y en mi ebook «Guía del Redactor Freelance». Si te apetece, podemos hablar en FacebookTwitterGoogle Plus o LinkedIn, o mándame un correo electrónico.

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